Mis hijos,
gracias por unirse en oración y por arrodillarse. Mis hijos, la soberbia de los poderosos está llevando a los pueblos a la destrucción.
Mis hijos, miren alrededor y vean cómo los muertos llenan las calles y ciudades; sin embargo, observan con indiferencia, enfocándose solo en la tranquilidad de sus hogares, ciudades y países, sin darse cuenta de que la purificación vendrá para todos.
Mis hijos, oren, porque pronto también les llegará el dolor a ustedes.
¡Oren, oren, oren!
Pidan Misericordia y perdón, y la luz descenderá sobre ustedes. Estén en paz, porque esto es lo que desea el Dios del Amor, Caridad y Esperanza.
Ahora los bendigo, en nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
Reflexión sobre el mensaje:
Como siempre he dicho en estos últimos años, el hecho de que la guerra involucre países lejanos a los nuestros no debe llevarnos a la indiferencia o, peor aún, a ignorar las muertes y destrucción que están devastando a pueblos enteros.
Aprovechemos hoy, Fiesta de la Divina Misericordia, para pedirle perdón a Dios, y aunque la Novena acaba de terminar, comencémosla nuevamente para recibir la luz y paz de las que Nuestra Señora nos habla.
Solo así podremos soportar el sufrimiento y purificación que también llegarán a las puertas de nuestros hogares.
Seamos reconciliados con nuestros hermanos, porque esto es lo que desea nuestro Dios, que es Amor.
Fuente: ➥ LaReginaDelRosario.org