Mis hijos,
gracias por estar aquí unidos en oración y por arrodillaros.
Mis hijos, Mis pequeños, ahora, después de la Resurrección, se ha abierto una ventana en el cielo: aprovechad esta luz que entra en vuestros corazones.
Mis hijos, tanta sangre fue derramada por Mi Jesús por vuestras vidas; por esta razón os digo: amad a Mi Señor y a vuestro Señor.
Próximamente habrá gran sufrimiento en encontrar lugares de verdadera fe: seguid caminando por el camino de Dios.
Cuando la Eucaristía ya no se encuentre, ¿qué haréis?
Mis hijos, comprometeos desde este momento a tener un verdadero pastor a vuestro lado; no os rindáis, sino luchad con valentía, porque este tiempo está muy cerca.
No perdáis el camino; ahora sabéis cuál es la verdadera senda que seguir.
Ahora os bendigo en nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
Reflexión sobre el mensaje:
Nuestra Señora nos deleita con sublimes metáforas y compara la Resurrección de Jesús a una ventana abierta de par en par, de donde emana una luz de salvación, generada por la sangre de Su amado Hijo. Los tiempos que se avecinan no son fáciles, razón por la cual nuestra Madre Celestial insiste en recordarnos el camino a seguir: amar a Jesús, nutrirnos con la Eucaristía y tener como guía un sacerdote santo que nos pueda dirigir cuando los lugares sagrados y la misma Eucaristía ya no estén disponibles.
Debemos luchar, pero sin perdernos en el camino, porque el sendero nos ha sido mostrado por Ella.
Fuente: ➥ LaReginaDelRosario.org