Hija mía, diles:
Mis oraciones eran incesantes, y mientras rezaba en Mi pequeña habitación y tarareaba alabanzas a Dios, un ángel apareció del Cielo como mensajero de Dios; se acercó a Mí, inclinó la cabeza e hizo una reverencia: “Salve, oh María, nuestra Reina; tu ‘Fiat’ te ha llenado de gracia. Todo el cielo espera tu ‘sí’ para cumplir Su voluntad.”
Ante un anuncio tan grande, profundamente deseado por Mí, aunque uno en el que nunca me había imaginado ser la elegida, quedé asombrada y dudé por un momento; pero el ángel del Señor me dijo: “No temas, nuestra Reina; has encontrado favor con Dios. Eres la amada de tu Creador; por lo tanto, para lograr la victoria, di tu ‘Fiat.’” Dije el ‘Fiat,’ y con gran asombro los dos ‘Fiats’ se fusionaron juntos, y la Palabra Divina descendió en Mí; así se llevó a cabo el gran milagro de la Encarnación.
Reflexión sobre el mensaje:
Hoy Nuestra Señora nos ha dado el regalo de este maravilloso relato del momento de la Anunciación.
Dios entra en la vida cotidiana de una joven mujer con un plan inmenso, pero para llevarlo a cabo espera que María diga libremente: “Sí, hágase tu voluntad.” Dios nunca nos fuerza; nos deja libres, incluso para equivocarnos.
Gracias a la elección libre de Nuestra Señora, Dios permitió que Su Hijo Unigénito se encarnara. En continuidad con el mensaje de ayer, vuelve a emerger la importancia de la humildad, y Nuestra Señora es su emblema (“porque Él ha mirado la humildad de su sierva,” recitamos en el Magníficat); esto es lo que la hace Reina, intocable por Satanás y, por lo tanto, siempre victoriosa sobre él.
Fuente: ➥ LaReginaDelRosario.org